“No llego a todo”, tengo ansiedad… ¿de verdad no llegas o crees que no vas a llegar?

El estrés continuado es uno de los grandes males de nuestro tiempo, y su impacto en el cuerpo y la mente va mucho más allá del cansancio.
Está demostrado científicamente que el estrés prolongado acorta nuestra corteza prefrontal, la zona del cerebro que nos permite analizar, planificar y tomar decisiones con claridad.
Por eso, el autocuidado diario no es un lujo: es una necesidad.

 

Vivir en modo “no llego”

En las últimas semanas he escuchado a varios compañeros decir:

“No llego a todo.”
“Ni siquiera me levanto de la silla.”
“Y aún así, me siguen poniendo más trabajo…”

Estas frases reflejan una realidad muy común: el agotamiento acumulado.
Cuando llevamos días (o semanas) bajo presión, sin descansar bien, comiendo cualquier cosa o sin apenas movernos del sitio, el cuerpo y la mente entran en modo supervivencia.
Y si no ponemos un alto, esto puede derivar en ataques de ansiedad, digestiones pesadas, insomnio o sensación de bloqueo.

 

¿Realmente no llegas… o te estás anticipando al agobio?

Esta pregunta puede cambiarlo todo.
A veces no es la carga real de trabajo la que nos desborda, sino la anticipación mental de que no podremos con todo. Otras veces, sí hay una sobrecarga real. En ambos casos, hay algo en común:
La responsabilidad de poner límites, organizarte y cuidarte es tuya.

 

Si te agobias antes de actuar…

Organízate al comenzar el día. Dedica unos minutos a revisar tu correo, tus reuniones y tu lista de tareas.
Después, elige tres prioridades, y de ellas, una “roca”: esa tarea que más cuesta o más impacto tiene.

No todo puede ser urgente ni importante al mismo tiempo.
Y aplazar o redistribuir tareas con tu equipo o clientes no solo es posible, sino necesario para tu salud mental.

 

Si realmente estás sobrecargad@…

También es momento de poner límites.
Decir “no” a tiempo no es egoísmo, es autocuidado.

Pregúntate:

  • ¿Hasta dónde me permito trabajar y disfrutar de mi vida?
  • ¿Qué pasa si dejo esa tarea para mañana?
  • ¿Realmente no puede esperar dos días más?
  • ¿Me lo ha pedido alguien o me lo estoy auto imponiendo?

A menudo somos nosotros mismos quienes nos añadimos presión sin darnos cuenta. Si es algo puntual, comunícalo a tu responsable y pide ayuda para priorizar. Hablarlo, da claridad y alivio.

 

Para, respira y escúchate

Quizás la respuesta que buscas fuera… ya la tienes dentro.
Reconocer tus límites, escucharte y cuidarte es el primer paso para salir del bucle del estrés.

Si sientes que necesitas acompañamiento para recuperar tu energía y tu bienestar, agenda una sesión conmigo
Te ayudaré a salir del piloto automático y a crear hábitos que te devuelvan la calma, la claridad y el equilibrio que necesitas.

Ruth Pérez Bienestar
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