¿Sabías que el 41 % de los trabajadores en activo declara sentirse estresado en el trabajo?
Y tú, ¿qué responderías al leer esta pregunta?
Lo primero que quiero preguntarte es si reconoces tu estrés como algo puntual o más bien crónico, y cómo lo sientes en tu día a día.
El estrés no desaparece por arte de magia
Hablamos constantemente de él, pero pocas veces nos detenemos a pensar qué hacemos de verdad para reducirlo
El estrés no se va con una hora de ejercicio dos días a la semana, ni con una infusión puntual, ni con esa caña al salir del trabajo mientras escroleas en redes sociales antes de engancharte a Netflix.
El primer paso: reconocerlo
Te lanzo otra pregunta: ¿eres capaz de parar y reconocer que estás estresada?
¿O pasas el día encadenando reuniones, tareas y mensajes sin ni siquiera levantarte a por agua?
El primer paso es darnos cuenta.
Cuando lo hagas, para un momento, respira tres veces profundamente y pregúntate:
- ¿Por qué me siento así?
- ¿Tengo demasiadas tareas?
- ¿No llego a todo?
- ¿Me reclaman por tres canales distintos a la vez?
- ¿Me estoy autoexigiendo demasiado?
El segundo paso es priorizar: clasifica lo urgente e importante, pero no solo en lo laboral, también en lo personal. Y empieza a poner límites. Decir NO a algo cada día es un acto de autocuidado. De lo contrario, tu cuerpo acabará avisando: esa contractura recurrente, esas noches en las que “duermes mal”, esos días en que “caes malo” sin motivo aparente…

Una sociedad acelerada
Vivimos en un entorno que va demasiado rápido. Nos comparamos constantemente en redes sociales y sentimos que tenemos que poder con todo. Pero la verdad es que no poder con todo no significa ser débil. Significa ser humano.
Te lo cuento en primera persona
Yo misma estuve atrapada en un bucle de estrés: trabajo excesivo, dolores de espalda continuos… todo era “culpa del estrés” . Pero yo hacía poco para soltarlo, hasta que la vida me paró en seco. Ese golpe me obligó a darme cuenta. No fue suficiente al principio — volví a caer — pero poco a poco fui incorporando hábitos que me ayudaron a no tropezar siempre en la misma piedra.
Pequeños gestos que marcan la diferencia
Reconoce el poder que tienes para decidir cómo quieres sentirte. Empieza con gestos sencillos:
- Ponte una alarma para levantarte cada hora.
- Bebe agua durante tu jornada.
- Sube y baja escaleras en vez de usar el ascensor.
- Haz un snack saludable en tus descansos. Estira contra la pared o haz 10 sentadillas.
- Respira profundamente al menos 5 veces en tus pausas.
Parece poco, pero estos gestos sí marcan la diferencia.
Crea hábitos sostenibles
Además, organiza tus actividades a tu medida. No se trata de “sacar tiempo” de donde no lo hay, sino de empezar poco a poco:
- Si eliges hacer deporte, comienza con pocos días.
- Si quieres meditar, empieza con 5 minutos.
- Si no es lo tuyo, meditar, pon tu playlist favorita, canta y baila en casa.
La clave es integrarlo en tu vida sin culpas, pero con un compromiso mínimo que, con el tiempo, se convertirá en hábito. Y créeme: cuando lo instales en tu día a día, ya no querrás dejarlo porque notarás lo que te aporta.
¿Te vas a comprometer contigo?
Te lanzo mi última pregunta: ¿te vas a proponer parar y reconocer cómo te sientes? Si la respuesta es sí, haz un compromiso contigo misma. Con eso ya tendrás la mitad del camino recorrido.
Y si quieres que te acompañe a salir de ese bucle, agenda una sesión conmigo.
Estaré encantada de ayudarte.